domingo, 6 de noviembre de 2016

Era una noche helada la que cobijaba con triste ensueño el pesado resplandor del cielo.

Soñaba con regresar.

Las estrellas ávidas de conocimiento buscaban en el suelo un motivo, no se fijaban en como los cimientos citadinos a los que se acercaban, cubrían el paisaje albino que se desarrollaba durante ese invierno.

Y el corazón me dolía de sospechar.

Se acercaban a la ciudad, sus dulces luces resplandecientes se opacaban tras la risueña y artificial estrella que parecía surgir de los imponentes edificios de aquella urbe maligna.

La mente y el alma comenzaban a fallar.

Llegaron, se disiparon y fundidas en la fría noche de aquella albina madrugada, las estrellas quedaron calladas. Su objetivo, su búsqueda, su ferviente pasión se opacó tras la luminosidad de esa población. El ruido cesó, la luz se apagó y la última estrella brilló.

Absolutamente todo se detuvo.